El León Y El Ratón
Había una vez un león que estaba durmiendo plácidamente mientras que un ratón jugueteaba muy cerca de él. Sin quererlo el pequeño roedor despertó al gran rey de la selva que molesto por ello lo atrapó entre sus garras con un rápido movimiento.
El león abrió sus fauces para comerse al ratón, que en ese mismo instante le suplicó clemencia:
- Por favor, rey de los animales, señor de la selva, no me comas. Apenas soy alimento para ti y, además, si me dejas ir un día te salvaré la vida.
Al escuchar aquello, el león comenzó a reirse a carcajadas pues no entendía cómo podría salvarle a él la vida un insignificante ratóncillo. Sin embargo, le dijo:
- Me haces tanta gracia que te dejaré marchar.
Y muy angustiado, el ratón salió disparado en cuanto el león le soltó.
Pasó el tiempo… y un día mientras que el león se encontraba buscando alimento cayó en una trampa que habían colocado unos cazadores. Trató de liberarse de ella pero todos sus esfuerzos resultaban inútiles pues lo único que lograba era quedar más atrapado aún.
Todos los animales de la selva pudieron escuchar los fieros rugidos del león, incluido el pequeño ratoncillo al que varios días antes había perdonado la vida. Fue entonces que, recordando aquél momento en que le dejó escapar y haciendo honor a la promesa de salvarle algún día la vida, corrió para ayudar al león.
En cuanto llegó hasta donde éste se encontraba, comenzó a roer la red en la que había quedado preso el león hasta conseguir rasgarla y liberarle.
En ese mismo instante el rey de los animales y señor de la selva aprendió una valiosa lección que nunca olvidará.
*Esta es una fábula que se le atribuye a Esopo y que ha sido reescrita por otros autores como Jean de la Fontaine.



